Tuve que acostarme con un coronel para que no me separaran de mi hijo
Una denuncia sobre discriminación contra las mujeres en la PolicÃa
Por: KienyKe septiembre 20, 2015
Diana Márquez*, intendente de la policÃa, es alta, delgada, de ojos expresivos, facciones finas, excelente conversadora. Ella, como muchas de sus compañeras, guarda insospechados secretos del trato que reciben de sus superiores hombres.
Diana, de 38 años, contó su caso a KienyKe.com, porque según afirmó, ha pasado por tantas situaciones anormales en la policÃa, que no le tiene ya miedo a nada.
El sueño de Diana de ser policÃa inició apenas cumplió su mayorÃa de edad, en su natal Cúcuta. “En el año 97 vivÃa con mis padres en uno de los barrios más marginados de Cúcuta donde la guerrilla reclutaba niños. De hecho, la guerrilla ya le habÃa enviado una carta a mis padres cuando yo tenÃa quince años en la que decÃan que – si su hija sigue en la calle debe servirle mejor al paÃs -, y por supuesto ellos me tuvieron que sacar del barrio”.
Diana relató que su futuro no era muy prometedor en ese entonces, asà que en la policÃa vio una posibilidad real de obtener buenos ingresos. “Después me dieron la noticia de que me aceptaron para trabajar y sentà que me habÃa ganado la loterÃa”.
No obstante, lo que empezó como un sueño, pronto se convirtió en una pesadilla, cuando tuvo que hacer el curso de patrullera en Bogotá. “Yo venÃa del pueblo y las niñas del interior del paÃs siempre me veÃan por encima del hombro. Recibà un trato humillante por parte de las mismas compañeras, pues me trataban como la empleada del servicio porque me vestÃa distinto, no me cepillaba el cabello, porque usaba sandalias, minifaldas y ropa colorida, al lado de ellas que usaban tacones y medias veladas”.
Diana, la intendente, vestida de particular.
En 1998 Diana se graduó con otras 120 mujeres como patrulleras, todas tenÃan algo en común, un sueño, un orgullo, y cuerpos esbeltos por su puesto.
“En la PolicÃa cualquier mujer no puede entrar a trabajar, primero porque es un trabajo fuerte, de más de ocho horas al dÃa, por lo que hay que tener un estado fÃsico totalmente óptimo, por eso la mayorÃa de chicas son esbeltas, y no va ingresar una muchacha de talla grande, una anoréxica o de estatura muy bajita o de apariencia desagradable, porque de por medio también está la imagen de la institución. Además, en la PolicÃa no van a contratar una persona que tenga autoestima muy baja, por ejemplo el caso de algunas chicas muy poco agraciadas, porque no van a poder acercársele a un ciudadano con la autoridad que requiere cuando sea necesario, por eso tampoco aceptan mujeres tÃmidas”.
La patrullera empezó a trabajar en eventos, conciertos, teatros, como fuerza disponible de la PolicÃa. Pero pronto y debido a su buena parla pudo ubicarse en un cargo administrativo, donde conoció a un patrullero con el que se casarÃa y tendrÃa a su segundo hijo.
“Mi jefe en ese momento fue un teniente, quien era manilargo, le gustaba cerrar la puerta casi todos los dÃas con el pretexto de hacerme masajes y manosearme siempre, pero yo no sabÃa qué hacer, porque lo rechazaba, no tenÃamos ninguna relación afectiva, y no podÃa irme de pleito con él, pues tenÃa a mi segundo hijo de pocos meses de nacido.
(…) Me sentÃa que estaba entre la espada y la pared, aunque mis compañeros me decÃan que le pusiera cámaras para que lo embalara, pero la verdad es que ese tipo debÃa tener bastantes conocidos que se graduaron con él, pues si lo denunciaba era seguro que me trasladarÃan fuera de Bogotá, lejos de mi familia, y muy seguramente me irÃa a topar con algún amigo de él, y serÃa aguantar el mismo camino tormentoso de acosos, además que ese teniente le faltaba toda una carrera de ascensos en la institución y llevármelo por la mala y hacérmelo de enemigo no era la solución”.
La única posibilidad que tenÃa en ese momento era hacerse trasladar con un superior del teniente, pero que no deseara un favor sexual. Por el momento contó con suerte, un mayor la ayudó. “Me tocó hacerle dar lástima a un mayor buena gente, ofreciéndole trabajar fines de semana y con lágrimas en los ojos. De todas maneras me tocó contarle por qué querÃa salir de donde estaba, le dije que era seguir aguantando abusos o en un momento de ira atacar al teniente”.
Según manifestó Diana, “los superiores saben cómo abusar de sus subordinadas, pues ellos jamás van a realizar una violación, pero sà un acoso constante, y utilizan su posición y poder para hacerle entender a la vÃctima que le pueden hacer la vida a cuadros. Los jefes que lo hacen, saben que no van a ser sancionados por ese tipo de presiones, bajo la excusa de que están imponiendo orden y disciplina, pero los subordinados siempre van a perder, porque a diferencia de otros trabajos que la relación se termina con una carta de despido, acá puede terminar uno en una cárcel o con investigaciones disciplinarias. Sin embargo, a pesar que conté lo que estaba pasando al superior del teniente, él no tuvo ninguna sanción, ni ningún proceso judicial, ni quise denunciarlo”.
Pero en cambio el teniente sà tomó represalias contra su esposo.
“A mi esposo, quien trabajaba en la misma dependencia, sà lo hizo trasladar a cuidar retenidos en la UPJ, y llegó allá como recomendado con un teniente amigo del que me acosaba. Llegar como recomendado en la PolicÃa, es que no puede llegar cinco minutos tarde o llegar con los zapatos no tan bien embolados porque le ponen negativa o anotación. Y en menos de una semana mi esposo ya tenÃa tres negativas, y con el tiempo lo destituyeron porque supuestamente dejó salir a unos capturados antes que vencieran los términos, me tocó mantener a mi esposo y sacando sola a mis dos hijos”.
La situación de su esposo terminó en una separación. Y después los acosos volvieron.
“Una vez presté servicio de apoyo en Ciudad BolÃvar y el capitán de la estación se enamoró de mÃ, y me dijo que querÃa salir conmigo, que le aceptara una invitación. Fui sincera y le dije que no me interesaba. Entonces dijo que como yo no se lo iba a dar, tenÃa que chupar frÃo cada vez que fuera. No le puse cuidado, pues igual sólo tenÃa que ir una sola vez al mes.
“Una vez presté servicio de apoyo en Ciudad BolÃvar y el capitán de la estación se enamoró de mÃ, y me dijo que querÃa salir conmigo, que le aceptara una invitación. Fui sincera y le dije que no me interesaba. Entonces dijo que como yo no se lo iba a dar, tenÃa que chupar frÃo cada vez que fuera. No le puse cuidado, pues igual sólo tenÃa que ir una sola vez al mes.
(…) Sin embargo, cada vez que iba a las montañas de Ciudad BolÃvar me tenÃa que montar en la parte trasera de un camión en la madrugada, donde recogÃan a todas las personas que retenÃan temporalmente, como por ejemplo los habitantes de la calle, para llegar al cupo en la UPJ. Como castigo me tocaba quedarme en el camión hasta las cinco de la mañana cuando la labor iba hasta las tres”.
Diana Márquez señaló que la mujer en la institución tiene que estar dispuesta a perder la familia, pues después de estar en una ciudad como Bogotá puede terminar en un pueblo remoto, donde llegan pocos vuelos. “Las mujeres policÃa que están allá en el pueblo más recóndito están no porque hayan hecho algo malo, sino porque la cayeron mal a alguien”.
Cuando tuvo que ceder
"Hace unos diez años me enviaron a comisión al Chocó en unas elecciones presidenciales, por un encontrón que tuve con uno de mis jefes, y fui la única mujer en la entidad donde estaba prestando servicios administrativos que terminó 20 dÃas en Quibdó como castigo. El tipo que me envió allá me dijo que iba de comisión pero que habÃa alta probabilidad de que me quedara.
Cuando llegué a Quibdó habÃa un coronel que después llegó a ser brigadier general, me vio, pidió mi número telefónico, me llamó ese dÃa a las ocho de la noche cuando ya habÃa terminado servicio, y me dijo – venga mija a mi habitación y pase a la piscina -. Nunca habÃa tenido contacto con él antes, pero tenÃa más mando que el que me habÃa enviado en comisión al Chocó.
Allá en la piscina el señor me estaba recibiendo en ropa interior, en un lugar reservado para los comandantes, muy lujoso, estrato 20, mientras que nosotros dormÃamos en un salón comunal, con un aire acondicionado para 20 personas. El tipo peló el cobre, accedà y me lo charlé para que me devolviera para Bogotá. Ya no aguantaba más en el Chocó lejos de mi hijo, la distancia le estaba generando problemas.
Por los turnos que manejaba, me tocó hacer un proceso psicológico y siquiátrico con mi hijo de trece años, ya que él sufrÃa de sÃndrome de abandono porque nunca veÃa a su mamá, sólo en las mañanas cuando le daba el desayuno y en las noches cuando regresaba a la casa. El sueldo de patrullera o subintendente no alcanza para pagar arriendo y pagar una persona que cuide de los hijos. Una vez me puse muy triste cuando un dÃa a las diez de la noche mi hijo me dice – mami sÃrvame la comida – y le pregunté que si iba a comer frÃjoles a la media noche, y me respondió que es la única manera de tener una comida caliente.
(…) A mi hijo me tocó entregárselo al papá, porque él tenÃa resentimiento contra mÃ, tenÃa ideas de ateÃsmo. En ese momento nunca conté con el apoyo de mis jefes, y eso que por escrito les relaté mi situación, pedà vacaciones porque hacÃa cuatro años que no las disfrutaba, pero no obtuve una respuesta, hasta que el siquiatra me incapacitó 15 dÃas, y ahà sà se dieron cuenta que estaba mal. Tuve un cuadro grave de depresión y sólo tomaba tranquilizantes y pastas para dormir”.
Diana, quien en ese momento ya tenÃa el grado de subintendente, manifestó que en la PolicÃa hay un elevado Ãndice de suicidios, “por la soledad en medio de un ambiente hostil, además que allá le ciegan a uno el pensamiento todos los dÃas, diciéndonos que somos lo mejor del mundo, a la vez que no servimos para hacer otra cosa, y si cuando uno salga por algún motivo de la institución, es muy difÃcil hacer otras cosas”.
Todos esos años de zozobra, frustración y miedo, hicieron a Diana una persona más dura, pero no perdió del todo su lado noble, y aunque decidió seguir en la institución, hoy ya ostenta el grado de intendente, decidió en sus ratos libres colaborar con una organización. Allà “le tiendo la mano a alguien que está pasando por lo mismo, también brindamos asesorÃa jurÃdica y les decimos qué tienen que hacer en caso de acoso o presiones laborales”.
*Nombre cambiado a petición de la fuente.
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