Catorce días después del 06 de enero, Fiesta de Los Reyes Magos, perduran los bellos recuerdos de la Navidad

                         

Recuerdos Imperecederos De Las Pretéritas Navidades Y Año Nuevo




Por Luis Eduardo Acosta Medina




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“Campanitas que vais repicando/

navidad vais alegre cantando/ 

y a mi llegan/ 

los dulces recuerdos/ 

del hogar bendito/ 

donde me crie/ 

de aquella viejita/ 

que tanto adore/ 

mi madre del alma/ 

que no olvidare/”




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Hoy, embriagado de recuerdos viene a mi mente la canción que mas me gusta de Aníbal Velázquez, 'Campanitas', la cual fue grabada por él y también por Julio Jaramillo.



Es una canción, cuya letra me estremece. Dan vuelta en mi cabeza las recordaciones más sentidas. Echo de menos a mis viejos, a mis hermanos y toda nuestra gente, que viven para siempre la Navidad, al lado de Dios Padre



Recuerdo que toda la gente que estaba fuera del pueblo regresaba para pasar Navidad y Año Nuevo, al lado de la familia,



La ruidosa llegada de los hombres y mujeres que venían de Venezuela de trabajar todo el año, para traer bienestar a los suyos y regalos inimaginables a los ahijados y quienes no los fueran, los panes navideños, enlatados, mantequillas de marcas que no veíamos ni en televisión, porque nadie tenia televisor y en los patios se daba de comer a los chivos y ovejos que, durante la noche del 31 se preparaba para compartir.



Tengo muy fresco el recuerdo de un 31 de diciembre, cuando el tío Manuel le regaló a Mariela, mi hermana un grandísimo Pisco blanco, para la “Sopa de Año Nuevo”.



Ella lo metió al gallinero que había en el patio de la casa y resulta que horas antes del sacrificio, el animal desapareció. Cuando lo fueron a buscar no encontraron ni las plumas. ¡Se lo habían llevado!



Después se supo que fue Álvaro, nuestro hermano con unos primos, que se lo llevaron y se lo comieron a escondidas en una parranda,



Es aquella, una fecha que mi hermana nunca olvida. Todavía lamenta aquella travesura de la muchachada, que la privo de chuparse los dedos comiendo pisco.



La Navidad con su Noche Buena, la Noche de Año Nuevo y el Feliz Año, no se sienten igual desde cuando nuestros viejos parten a su encuentro con Dios.



Todos los días los extrañamos, con el agravante que también nuestros hermanos uno a uno también van partiendo, dejando los corazones lacerados y el vacío imposible de llenar.



Son potísimas razones para que ahora se siente este tiempo de reencuentro lento, triste y sin el sabor de antes. Es como si nos comiéramos una paleta sin quitarle el papel.



Ya los ahijados no visitan a los padrinos y madrinas, para recibir la bendición. Antes eso era ineludible, igual mucha gente no solo lo hacia el 25 sino también el 31 de diciembre.



Era una visita ineludible que muchas veces terminaba con 'una cuelga' o aguinaldo, que se recibía con el natural agrado.



Cualquier cosita a uno lo emocionaba. Eran detalles que llegaban al corazón. Diez centavos, una gallina, un ovejo o alguna ropa o juguete, igual era emocionante para el ahijado y una prueba inequívoca de su importancia para los padrinos o las madrinas.



Por cierto, recuerdo que un ahijado de mi vieja a quien le decían 'Chito', que vivía en la vereda Las Mercedes, muy cerca de Monguí, llegó para una Navidad a la casa y cuando vio a mamá, se arrodilló y en voz alta le dijo: “Madrina la maldición”. Fue un episodio divertido, fruto de la inocencia supina, era cuando habían muchachos inocentes.



Dios fue particularmente generoso con los muchachos de mi generación. En aquellos tiempos no se tenia servicio de energía, pero éramos iluminados por una luna grande, que mas nunca he podido ver.



El cielo estrellado nos divertía con los luceros titilantes que rendirán pleitesía a los Tres Reyes Magos q,ue eran tres estrellitas que iban una detrás de otra, de las cuales nos decían que eran ellos camino a Belén.



Aquello era maravilloso y nos permitía jugar corriendo por las calles polvorientas del pueblo y las pocas noches que la luna no estaba clara, las aprovechábamos para algo mas bullicioso. 



Iluminábamos las calles, amarrándole chispitas mariposa al rabo de los perros, que corrían despavoridos y nosotros detrás. ¡Aquello es irrepetible!



Todos éramos familiares y amigos. Nos queríamos, compartíamos todo, entre todos y a todas las horas, éramos igualitos.



Los 30 de diciembre y  a veces los treinta y uno, organizaban un partido de fútbol que llamábamos 'De integración'. Casi siempre con equipos de Machobayo, de Cotoprix, El Abra Tomarrazon. Era pura confraternidad.



Al final los jugadores recibían como premio 'La Copa de la Amistad' y un terraplén de pastelitos con gaseosas que se enfriaban en la nevera 'Servel', de mi vieja que funcionaba con petróleo.



A veces prendían entonces el picó de Mitilia Rosado y hasta allá iban a bailar todos los jugadores con muchachas o solos.



Era usual que las personas que nunca tomaban licor durante el resto del año, lo hicieran el 31 de diciembre. Las mujeres se emborrachaban y al día siguiente se escuchaban los cuentos, las anécdotas y las imprudencias cometidas. Eran tiempos hermosos, los pueblos n se dividían por pequeñas cosas, respetaban los ahijados a los padrinos y de cualquier cosa salía un baile.



Recuerdo como si hubiera sido ayer, el salón de mi casa lleno de muchachos durante el día. Todos los que venían de estudiar, allá iban a conversar, a planear paseos, a contar sus vivencias y durante las noches, todos los viejos iban a preguntar a mi padre sobre la política y las noticias que se producían en el país.



Ahí hablaban de cosas que vivieron en su pasado de años mozos, de los cambies del tiempo, de las cosechas, de las fases de la luna y mientras ellos hablaban, yo escuchaba y grababa en mi mente, el día de Navidad, estrenaban ropa y sombreros.



Ese día no iban a sus roserios. Visitaban, se tomaban sus traguitos y a las 12 de la noche, hacían tres o cuatro disparos al aire, Eso es irrepetible.



¡Cuánto extraño durante esos días a mi padre, a mi madre, a mis hermanos, tíos y primos, que ya no volveré a ver!



Feliz año 2026



Título Original: 'Recuerdos Imperecederos De Las Pretéritas Navidades Y Año Nuevo'

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