Terna para elegir director del Fondo Mixto de La Guajira y la verdad sobre el proceso de selección

Terna para el Fondo Mixto: lo bueno, lo malo y lo feo


Por Abel Medina Sierra


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Inicio aclarando el lugar de enunciación desde el que redacto estas líneas. Soy miembro del Consejo Departamental de Cultura e hice parte de la comisión encargada de verificar el cumplimiento formal de los requisitos de los inscritos en la convocatoria de escogencia de la terna para la gerencia del Fondo Mixto de Cultura de La Guajira.



So pena de tener señalamientos por revelar “intimidades” de un proceso que, si bien es público, no es para escoger a un servidor público (el Fondo se rige por derecho privado), comparto con ustedes algunas precisiones, para entender cómo se desarrolló la convocatoria que permitió conformar una terna integrada por Delia Socarrás, Larry Iguarán y Nicolás Lubo.


 

Lo Bueno

 

Por primera vez, la convocatoria cuenta con una participación tan amplia: 19 personas se inscribieron, las cuales representan diferentes sectores, profesiones y modalidades de participación en artes y cultura: creación o gestión. 


Un aspecto muy relevante fue que, muy contrario a lo que manifiestan algunos medios, puedo testimoniar, desde mi experiencia en unas cinco convocatorias, que este ha sido el proceso de escogencia con menos pugnacidad al interior del Consejo de Cultura. 


Nadie piensa en coro para decir que hubo unanimidad de opiniones, pero se manejaron en un ambiente de armonía y respeto al principio democrático.


También fue loable la garantía que, desde la Dirección de Cultura, ofrecieron Seidy Obregón y su equipo, respetando la autonomía del Consejo, propiciando las condiciones y hasta poniendo un equipo jurídico como asesor del Consejo para responder tantos requerimientos legales que se interpusieron. 



Por otra parte, por primera vez, el sector cultural, representado en sus consejeros, toma una decisión mayoritariamente autónoma, en el sentido de que, sin antecedentes en la historia de la escogencia de la terna, no se impuso el principio de que “el gobernador alinea” o “hay que esperar las directrices del gobernador”. 



Ese no es un dato menor. Es un claro y contundente mensaje para el primer mandatario de los guajiros y de quienes vienen: no se puede pedir que los sectores de la cultura y las artes apoyen nuestras fichas si no les estamos cumpliendo; además, desde el ejecutivo se debe respetar la autonomía de los sectores culturales y de las áreas artísticas, delegada en sus consejeros.



Si algo ratifica y demuestra la autonomía de los consejeros en esta convocatoria, es que nunca los tres escogidos en la terna se pusieron de acuerdo previamente para que el consejo los reuniera en una misma plancha, como sí ocurrió en procesos anteriores. De eso pueden dar fe tanto los ternados como los propios consejeros. 



Ahora bien, ¿por qué perdió la terna impulsada por el círculo allegado al gobernador?  Aquí hay que decir que existen una verdad “oficial” y otra “real”.



La verdad oficial será la narrativa de que “el gobernador nunca quiso incidir”, que “incluso no asistió a la votación, para mayor transparencia”. 



Dejo al lector la libertad de creer en la verdad oficial o en la real. La primera razón es que el “gober” la apostó a una candidata que ninguno de los 26 consejeros de cultura conoce ni reconoce como artista o gestora cultural, pese a que haya aportado certificaciones que así lo acrediten.



Para algunos consejeros, fue la de peor desempeño al presentar su propuesta, lo que rebajó aún más su ya bajo perfil.



En la terna respaldada por el “gober” se incluía otro profesional, con poco contacto con el sector, y uno bien conocido, pero mal referenciado. 



Sobre este último, además, se tejieron dudas sobre posibles inhabilidades, y no es que las áreas artísticas tengan mucho que agradecerle durante su paso por la Dirección de Cultura. 



Los consejeros le apostaron a una terna de personas muy reconocida por todos, con contacto permanente con los diferentes sectores y amplia y probada experiencia en la gestión y la administración cultural, en lugar de seguir una “línea” incierta e impuesta desde el Palacio de la Marina. Eso marca un precedente histórico y esperanzador. 



Lo Malo

 

Es entendible que, respondiendo al principio de “a lo tuyo, tú”, los aspirantes que quedaron por fuera por no aportar todos los soportes exigidos o por no cumplir alguno de los requisitos que contempla el Acuerdo 01 del 2026 se sintieran motivados a interponer reclamos, derechos de petición y tutelas. 



Eso ha ocurrido en todas las convocatorias con esta finalidad. Lo reprochable y lo que tiene indignados a los consejeros es que, una de las aspirantes, que no aportó uno de los requisitos, se defendiera atribuyéndolo a la mala fe de funcionarios de la Dirección de Cultura y a la comisión del consejo, quienes “presuntamente” extraviaron u omitieron su soporte.  



Tal irresponsable defensa quiso arrojar máculas sobre el buen nombre de los consejeros y funcionarios de la Dirección de Cultura y pisó el terreno de la injuria y la calumnia.  



Precisamente, otra arista de lo malo en este proceso se desprende de la anterior. Algunos medios sirvieron de amplificadores del ruido y se parcializaron a favor de esta misma aspirante. 



Algunos informaron con objetividad y concedieron réplicas a la parte contraria. Pero otros omitieron publicar el pronunciamiento aclaratorio de la comisión verificadora y, lo peor, algunos periodistas asumieron el rol de “jueces” y tomaron postura a favor de candidatos y pusieron dudas sobre las actuaciones del Consejo de Cultura ante la opinión pública, sin conocer la Legislación Cultural y las normas que rigen este proceso. 



En el hilo descendente, de esto último, se desprende otro aspecto negativo. La mayoría de los aspirantes, asesores jurídicos y comunicadores desconocen cómo funciona el Sistema Nacional de Cultura, los reglamentos del Consejo y del Fondo Mixto, y han emitido opiniones, conceptos y posturas totalmente erráticos desde el punto de vista legal. 



Muchos creen que el Consejo es una entidad pública, que el Fondo Mixto es una dependencia de la Gobernación, sin saber que se rige por derecho privado; creen que la convocatoria equivale a un concurso de méritos para escoger un cargo público.  



Incluso, cuatro de los aspirantes allegaron un “manifiesto” el día de la elección, con el fin de imponer su propia versión del reglamento interno, desconociendo que el consejo se rige por su propio reglamento. Esto obliga a una verdadera pedagogía en futuras convocatorias.



Lo Feo

 

Lo que es bueno para unos es malo para otros. Que por primera vez la mayoría de los consejeros haya actuado con autonomía e independencia frente a la línea oficial, tiene al gobernador vuelto un Chucky.  



Aguilar ha estado repartiendo sablazos a diestra y siniestra, acosando a los directivos del Fondo Mixto para engrupirlos en Casa de Gobierno y hay quienes conjeturan que quiere hacer devolver la terna porque no le conviene. 



El gobernador tuvo un emisario encargado de alinear los votos a favor de su candidata. Pero esta última no trabajó directamente para convencer a los consejeros. 



La estrategia usada por su emisario es reprochable: amedrentar a los consejeros que, si no elegían a la “ficha” del gobernador, se iba a liquidar o se iba a quitar el oxígeno financiero al Fondo Mixto. 



Esto, en lugar de “alinear”, resultó un tiro al pie. Incluso, minutos después de conocerse la votación, ese mismo emisario envió sentencias a quienes no se alinearon: “No cuentas más con el apoyo de la Gobernación”. 



Los próximos pasos del gobernador y de su equipo son claves. El Consejo no elige gerente, lo hace la Junta Directiva del Fondo Mixto. 



Se le presentaron tres nombres con buen perfil y que cuentan con el aval de la mayoría de los consejeros (15 de 24 votos) y que obtuvieron votos en otras planchas.  



No vaya a salir que ninguno de los tres “le sirve”.  Pase la página del modo Chucky y, más bien, reconcíliese con un sector al que no le ha venido cumpliendo sus promesas de recuperar los recursos que se perdieron por la pignoración de la estampilla procultura y otras deudas con el sector.



Los cultores no vamos a dejar que usted, en un acto desesperado y veleidoso, por no lograr imponer a su candidata, trate de liquidar o asfixiar la entidad, que saca la cara por el departamento y su gobierno en el tema cultural. 



Título Original: 'Terna para el Fondo Mixto: lo bueno, lo malo y lo feo'



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