En Colombia, la guerra no siempre se ve: a veces permanece enterrada al igual que las minas antipersonas

 

La Huella Invisible de la Guerra


Historias de dolor, resistencia y esperanza en la lucha por una Colombia libre de minas antipersonal.





Por: Emilio Gutiérrez Yance 



Amanece en la Colombia profunda. La neblina se levanta despacio sobre las montañas, los gallos anuncian el día y el olor a café recién hecho se mezcla con la humedad de la tierra. Todo parece en calma. Todo parece en orden.



Pero no. Bajo esa misma tierra que da vida, que alimenta, que sostiene, también se esconde la amenaza. Una que no hace ruido, que no avisa, que espera. En los caminos de vereda —esos que conectan historias, familias y esperanzas— cada paso puede ser una pregunta sin respuesta. 



El campesino que sale con su machete al hombro lo sabe. La madre que envía a su hijo a la escuela lo intuye. Y el policía que patrulla esos territorios lo enfrenta.



Porque en Colombia, la guerra no siempre se ve. A veces permanece enterrada. El 4 de abril se convierte entonces en algo más que una fecha. Es un recordatorio de lo que aún duele, de lo que falta por sanar, de lo que no se puede olvidar. 



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En medio de ese país que resiste en silencio, están ellos. Duque y Parra. Jóvenes, policías, sobrevivientes. Un día, la tierra les habló en forma de explosión.Un instante fue suficiente para cambiarlo todo. Y sin embargo, aquí están.



De pie. No como víctimas, sino como testimonio. Sus cuerpos guardan la memoria de lo ocurrido, pero sus miradas apuntan hacia adelante. En ellas no hay derrota, hay una forma distinta de valentía: la de seguir.



En una fotografía, el tiempo parece detenerse. No se ve el dolor, pero está ahí. No se escucha el estruendo, pero se siente. Y también se percibe algo más fuerte: la decisión de no rendirse.



“Reafirmamos nuestro compromiso con la vida y con cada rincón de esta Colombia que no se rinde. Trabajamos para que ningún colombiano tenga que volver a temerle al suelo que pisa”, expresa el coronel Diego Fernando Pinzón Poveda, comandante Departamento Policía Bolívar.



Pero esta crónica no es solo de quienes sobrevivieron. También es de quienes ya no volvieron a casa. De las sillas vacías, de los nombres que se dicen en voz baja, de los caminos que aún guardan ausencia.



Las minas antipersonal son la guerra que se queda cuando todo parece haber terminado. No distinguen rostros, ni edades, ni destinos. Por eso, retirarlas del suelo es también empezar a retirarlas de la historia.



En la Colombia profunda, la esperanza también germina. Crece en la resiliencia de su gente, en la memoria que no se borra y en la voluntad de avanzar, incluso con miedo.



Porque aquí, caminar no debería ser un acto de valentía.Debería ser, simplemente, un derecho. Y hasta que eso sea una realidad en cada rincón del país, la tierra seguirá recordando… y nosotros también.



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Título Original: 'La Huella Invisible de la Guerra'

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