Luis Aniceto Egurrola Hinojosa, compositor sanjuanero: sensible, familiar, amante del silencio, la pintura, jugar ajedrez en solitario y poco parrandero

 

Luis Egurrola: el poeta que hizo del amor su mejor partitura



Más de 200 canciones convirtieron su vida en un legado para el vallenato

 




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La vida nunca hace preguntas cuando el romanticismo se adhiere a la piel y el amor encuentra refugio en el corazón. 



Entonces la esperanza florece, los sentimientos vencen cualquier prueba y el tiempo deja de medirse por las horas, para comenzar a contarse en canciones. 



Así vivió Luis Aniceto Egurrola Hinojosa, el compositor sanjuanero que convirtió la poesía en el lenguaje de su existencia y encontró en cada emoción. una razón para escribirle a la vida.



En una mañana distinta, cuando el sol dominaba el paisaje de San Juan del Cesar, La Guajira, fue posible sentarse a conversar con Julieta María Mendoza Gutiérrez, la mujer que cautivó al cantautor desde el primer instante y con quien compartió 34 años de matrimonio. 



Juntos construyeron un hogar bendecido con tres hijos: David Santiago, Luis Carlos y Cristina, el mayor tesoro de una historia donde el amor jamás conoció el ocaso.



Julieta todavía recuerda aquel primer encuentro ocurrido en 1991, en la casa de María Alejandra Hinojosa, prima de Luis y compañera de estudios suya en el colegio El Carmelo. 



Fue un enamoramiento pausado, de esos que se construyen con detalles sencillos y palabras sinceras. Para entonces, Luis Egurrola ya comenzaba a abrirse camino como compositor y varias de sus canciones habían encontrado voz en reconocidos intérpretes del vallenato.



No tardó en convertir a Julieta en la inspiración de muchas de sus obras. Ven conmigo, Siete letras, Loco paranoico, Eras tú y La de los ojitos negros fueron algunas de las canciones que nacieron bajo la sombra de ese amor. 



Él no necesitaba flores ni grandes discursos; prefería dejar que una melodía dijera lo que el corazón no alcanzaba a explicar con palabras.



Entre las páginas más memorables de su obra también sobresale Después de tantos años, una composición que Los Diablitos llevaron al corazón del vallenato romántico. 




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La canción narra el encuentro inesperado de dos personas marcadas por un amor que el tiempo no logró borrar, donde los recuerdos pesan más que las palabras y las oportunidades perdidas terminan imponiéndose sobre los deseos. 



Luis Egurrola volvió a demostrar que sabía convertir la nostalgia en poesía y hacer que cada verso pareciera la historia de quien lo escuchaba. Por eso aquella obra sigue siendo uno de los clásicos de su repertorio y una muestra de la sensibilidad que siempre caracterizó su pluma.



Mientras el público admiraba al arquitecto egresado de la Universidad Piloto de Colombia, al magíster en Gestión Urbana, al concejal de San Juan del Cesar y al compositor ovacionado en festivales, en la intimidad del hogar, habitaba un hombre distinto. 



Julieta lo recuerda sereno, silencioso y profundamente familiar. "En la casa era un hombre tranquilo que expresaba todo lo que llevaba en el alma a través de la guitarra y el piano. Allí nacían las poesías que después se convertían en canciones. Dejó un gran legado con más de 200 obras grabadas y dos producciones inéditas interpretadas por él, que en su momento serán dadas a conocer", cuenta con orgullo.



A ese artista también lo definían las pequeñas costumbres que pocos conocían. En casa disfrutaba jugar ajedrez, siempre solo, porque encontraba en cada partida una manera de ejercitar la estrategia y el pensamiento. 



Era poco amigo de las parrandas, algo inusual entre los compositores vallenatos. Cuando viajaba con su familia prefería escuchar audiolibros en lugar de música, y nunca sintió apego por los homenajes ni los reconocimientos. 



Los trofeos, diplomas y pergaminos llegaban a su casa casi por obligación, mientras él seguía refugiándose en el silencio, donde encontraba la inspiración para escribir las canciones que inmortalizaron su nombre.



Sin embargo, el universo creativo de Luis Egurrola no terminaba en la música. Existía otra pasión que muy pocos conocían. 



El lienzo también fue su refugio. Desde joven pintaba, pero durante la pandemia del COVID-19 esa faceta tomó un nuevo impulso. 



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En pocos años realizó más de cien obras entre el realismo y el surrealismo, convencido de que una pintura debía terminarse el mismo día en que la inspiración aparecía.



Quienes lo conocieron de cerca aseguran que jamás trabajó pensando en los reconocimientos. Su mayor satisfacción era ver cómo una pareja dedicaba una de sus canciones o cómo un enamorado encontraba en sus versos las palabras que no podía pronunciar. Para él, el éxito siempre tuvo más que ver con los sentimientos que con los aplausos.



Ese legado volvió a hacerse evidente cuando el Festival Nacional de Compositores de Música Vallenata decidió rendirle homenaje. 



Durante la develación del afiche promocional, Julieta tomó la palabra y, con la emoción reflejada en su voz, resumió la dimensión humana del compositor: 



"Hoy sus canciones hacen vibrar el corazón y las gracias son infinitas por mantener viva su memoria. Recordarlo es volver a escuchar su voz, vivir sus historias y mantener encendida la llama de nuestra identidad cultural. Luis fue un traductor del alma y sus canciones reflejan su espíritu profundo. Su adiós es imposible de superar".



La despedida dejó también una frase que Julieta atesora como el último regalo de su esposo. En medio de la enfermedad, cuando el silencio comenzaba a imponerse sobre las palabras, Luis la miró fijamente y le dijo: "Amor, eres fuerte". 



Desde entonces esas dos palabras se convirtieron en la fuerza que sostiene a la mujer que compartió con él más de tres décadas de amor y que hoy encuentra en sus hijos, la prolongación de aquella historia.



Luis Egurrola permaneció apenas sesenta años sobre la tierra, pero le bastó ese tiempo para demostrar que el amor nunca pasa de moda cuando se escribe con honestidad. 



Sus canciones atravesaron generaciones, derribaron silencios y encontraron un lugar permanente en la memoria del vallenato. Más que un compositor, fue un artesano de los sentimientos.



Hoy, cuando alguna guitarra vuelve a interpretar uno de sus versos, parece que San Juan del Cesar respira diferente. 



Entonces se entiende que los grandes poetas nunca se marchan del todo. Permanecen escondidos entre las notas de una canción, en la emoción de quien la escucha y en la certeza de que Luis Egurrola seguirá dibujando las facetas del amor mientras exista un corazón dispuesto a cantarlas.



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Título Original. 'Luis Egurrola: el poeta que hizo del amor su mejor partitura'

Por: Emilio Gutiérrez Yance

Subintendente del Departamento de Policía Bolívar Debol





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