En Venezuela empeora el desabastecimiento

La escasez de productos bĆ”sicos es cada vez mayor y la gente solo puede comprar un dĆ­a a la semana.
Por:  YESID LANCHEROS |12:00 a.m. | 13 de julio de 2015
Un aviso fijado en una caja de la tienda Farmatodo en La Castellana, uno de los barrios mĆ”s exclusivos de Caracas, llama la atención. 
Se trata de un listado de productos bĆ”sicos de la canasta familiar, como aceite, arroz, azĆŗcar, champĆŗ o paƱales, con la correspondiente cantidad que cada persona puede adquirir a la semana. Por ejemplo, un venezolano solo puede comprar dos cremas de dientes, dos desodorantes, dos mĆ”quinas de afeitar, dos litros de aceite, tres paquetes de paƱales para bebĆ©s o dos rollos de papel higiĆ©nico. (Lea tambiĆ©n: ONU, preocupada por desabastecimiento en Venezuela).

“He visto a la gente llorar en el mostrador, esto es muy triste”, relata Orlando Medina, un caraqueƱo de 38 aƱos que trabaja como auxiliar de farmacia en un Locatel.
En el lugar, las personas se agarran la cabeza cuando ven que no hay lo que necesitan, como medicinas. Las caras son de angustia, de rabia. De desespero.
Y es que en cualquier farmacia de la capital venezolana es comĆŗn ver a muchos preguntando por antibióticos o analgĆ©sicos, para niƱos o adultos, y la respuesta que oyen es una sola: “¡No hay!” Conseguir un medicamento para la tensión arterial es un asunto de suerte.
La bonanza, asunto pasado
Ante la escasez, en algunos supermercados de Caracas se fijan carteles como este, donde se informa la cantidad de papel higiƩnico y servilletas disponibles por persona en cada compra. Yesid Lancheros / EL TIEMPO
Hace unos 20 aƱos, los venezolanos vivĆ­an con el privilegio de tener las mayores reservas petroleras del mundo, y algunos se daban el lujo de ir y volver a Miami, en una misma semana, a hacer compras. Hoy, todo ha cambiado. Para ricos y pobres. (AdemĆ”s: AsĆ­ afecta el desabastecimiento al venezolano de a pie)
“Cuando llega el champĆŗ, esto es un despelote; da miedo, pareciera que fueran a saquear la farmacia, se vuelven locos, parten los productos, se van a golpes. La llegada del champĆŗ es intermitente; puede que llegue hoy, y luego hasta dentro de cinco dĆ­as”, admite Medina.
El listado que se ve en Farmatodo, elaborado por el Ministerio del Poder Popular para la Alimentación, forma parte de un paquete de férreas medidas económicas que rigen en Venezuela, una nación vapuleada por el mÔs grave desabastecimiento de alimentos y productos en toda su historia.
En el colapso, los 30 millones de habitantes de este paĆ­s tienen asignado un dĆ­a exclusivo a la semana para adquirir los productos mĆ”s importantes, dependiendo del Ćŗltimo nĆŗmero de la cĆ©dula, segĆŗn lo determinó en enero el gobierno socialista de NicolĆ”s Maduro.
A juicio de Medina, el desabastecimiento es “total”. “En los Ćŗltimos meses, la situación se ha recrudecido de una manera horrible. Por ejemplo, no hay paƱales para niƱos y adultos. Y cuando llegan toca llamar a un cuerpo policial para que eviten que (las personas) entren como animales”, agregó.
En su casa, en el sector de Petare, donde vive con su esposa e hija de 18 aƱos, Medina dice que viven angustiados.
“Que en tu casa no haya papel higiĆ©nico da miedo. Hace unos aƱos, en mi casa no tenĆ­amos que comprar bultos de harina pan –para preparar arepas– y solo se tenĆ­a lo necesario para cada 15 dĆ­as. Ahora, sin embargo, tuve que comprar tres bultos de harina. Realmente estamos psicoseados”. “No quisiera politizar, pero pienso que el Gobierno y tambiĆ©n la oposición son culpables de todo lo que estĆ” pasando en el paĆ­s”, dice este auxiliar de farmacia de Locatel.
Para controlar las compras, en algunos sitios piden la cĆ©dula y en otros se lleva el registro con mĆ”quinas captahuellas, cuya instalación comenzó en marzo. AsĆ­ se busca combatir el acaparamiento de productos y, ademĆ”s, se intenta frenar a los ‘bachaqueros’, el oficio de moda para muchos en Venezuela y que consiste en comprar los productos regulados por el Gobierno, como la carne, la leche, el arroz o la crema de dientes, para revenderlos luego a un precio mayor en el comercio informal o callejero.
Trueque de productos
Este es el listado de la tienda Farmatodo. AllĆ­ se especifica la cantidad de productos que puede comprar un venezolano a la semana y el dĆ­a establecido para hacerlo. Foto: Yesid Lancheros / EL TIEMPO.
En una mañana de domingo, dos mujeres recorrían tiendas buscando productos de primera necesidad. Aibory Veores, de 60 años, tenía la misión de buscar unos pañales para una amiga de 84 años que sufre de alzhéimer y que vive en Catia, uno de los bastiones del chavismo. La misión resultó infructuosa. El producto escasea y así lo comprobaron ambas tras caminar por diferentes zonas de Caracas.
“Tenemos como un mes sin conseguir los paƱales. Entonces, a ella (a la mujer enferma de alzhĆ©imer) le toca hacer los paƱales con tela de sĆ”bana”, cuenta Aibory, quien trabaja haciendo aseo en un edificio en Chacao. “Necesitamos un cambio”, sostiene esta ferviente seguidora de Leopoldo López, el lĆ­der de la oposición que pasa sus dĆ­as en la cĆ”rcel.
Su amiga de bĆŗsqueda es la colombiana Edith Iturriago, de 50 aƱos. Nacida en un pueblo del Magdalena, viajó a Venezuela en 1983, en busca de mejores oportunidades y desde hace 12 aƱos trabaja en oficios varios en un edificio en La Castellana. “En esa Ć©poca se conseguĆ­a de todo y las cosas eran baratas”, dice Edith. “EstĆ”bamos en la felicidad y no lo sabĆ­amos”, complementa Aibory. (Lea tambiĆ©n: Cuba sigue recibiendo petróleo y otros productos de Venezuela)
Ambas cuentan que ahora muchos venezolanos acuden al trueque entre vecinos para enfrentar la escasez. Algunos intercambian, por ejemplo, detergente por papel higiĆ©nico.
Para estas dos mujeres, el control de la venta de los productos a partir del número de la cédula no estÔ funcionando.
“El dĆ­a lunes les toca a las cĆ©dulas terminadas en 0 y 1, y ese dĆ­a nunca hay nada. En cambio, los martes son mejores porque ese dĆ­a empieza a llegar la mercancĆ­a”, advierte Edith.
“Hay que estar aquĆ­ para saber lo que estĆ” pasando”, se queja ella, al recordar una cifra que ilustra el costo de vida: en un paĆ­s con un salario mĆ­nimo mensual de 5.622 bolĆ­vares, un kilo de carne vale 800 bolĆ­vares. Y ese kilo solo alcanza para sacar cinco filetes en un almuerzo.
Un aviso en el supermercado Luvebras. Allí se señala que el sistema no permite que las personas compren los productos bÔsicos en mÔs de una ocasión a la semana. Yesid Lancheros / EL TIEMPO.
La crisis ha obligado a muchos venezolanos a ingeniĆ”rsela. Un empresario contó que, cuando viaja a BogotĆ”, destina una maleta vacĆ­a para llevar la mayor cantidad de productos bĆ”sicos a Caracas. AsĆ­ intenta hacerle el quite a la escasez.
“No podemos abastecer a todo el paĆ­s. No hay dólares para tener la materia prima y producir los alimentos –dice Rolando PiƱa, de 31 aƱos y quien trabaja como supervisor tĆ©cnico en Polar, la gran empresa venezolana que produce alimentos y bebidas–. Antes abastecĆ­amos al 100 por ciento del paĆ­s, pero ahora solo alcanzamos para las ciudades mĆ”s grandes”.
Cuando fue entrevistado, a la salida de un supermercado, PiƱa no habƭa podido conseguir una medicina para combatir una alergia en sus manos y brazos.
“La situación estĆ” muy mala. Y es peor en Maracaibo, porque allĆ­ no se consigue nada, ni barato ni regulado. Si nos aumentaran el salario mĆ­nimo, serĆ­a mucho mejor y podrĆ­amos comprar”, afirma Yazmira GonzĆ”lez, de 36 aƱos, quien no encuentra leche en polvo para su bebĆ©. Ella, ademĆ”s, sufre todos los dĆ­as, con lo que gana como empleada, para darles de comer a sus siete hijos.
“Espero que todo esto cambie algĆŗn dĆ­a, me gustarĆ­a que las compras se hicieran sin restricciones”, agrega Juana FernĆ”ndez, amiga de Yazmira. Juana no habĆ­a podido conseguir toallas higiĆ©nicas para sus hijas.
Al mando de Maduro, Venezuela sufrió una inflación exorbitante, del 68,5 por ciento anual en el 2014, y los pronósticos tienden a agravarse: el Bank of America calcula que serĆ” del 172,4 al finalizar este aƱo. Esa inflación o costo de vida, la mĆ”s alta del mundo, no distingue clase social y afecta a toda la población, incluidos a los extranjeros que no estĆ”n exentos de las controvertidas disposiciones impuestas al amparo del Socialismo del Siglo XXI.
El control de los precios de los productos bÔsicos por parte del Estado (se reguló el valor de la crema dental, la leche, el arroz, el desodorante, entre otros) y la ausencia de divisas son las dos razones principales que explican la escasez y la carestía que asfixian a Venezuela, golpeada igualmente por la crisis internacional del petróleo (el precio del barril ha caído mÔs del 50 por ciento).
Ante los bajos precios fijados por el Gobierno, que atribuye el desabastecimiento a una “guerra económica” en su contra por parte del gran capital y la oposición, la industria no produce lo que demanda el paĆ­s y la evidente falta de dólares en el mercado tambiĆ©n impide la importación de materias primas, medicinas, repuestos, etc.; lo que ha puesto los precios de algunos productos por las nubes. “Pensando en la Navidad, cuando recibes la prima del aƱo, ¿quĆ© haces con 20.000 bolĆ­vares si un par de zapatos cuesta 36.000?”, se pregunta un venezolano.
La escasez empezó hace dos años y empeora con el paso de los días sin que se vislumbre una solución a corto plazo. En los últimos meses, la prensa ha reportado batallas campales en algunos supermercados para adquirir alimentos.
A comienzos de este aƱo, la crisis llegó a situaciones tan insospechadas que, desde enero, en McDonalds no hay papas fritas. Por eso, la famosa Big Mac se sirve con un pedazo de yuca venezolana, arepa o ensalada. “Los clientes se molestan y no estĆ”n de acuerdo con estoPero si se mejora la economĆ­a, mejorarĆ” el servicio”, atina a decir JosĆ© Castro, subgerente de una tienda de McDonalds en Chacao, quien explica que, ante la ausencia de divisas, no se ha podido importar papa de Estados Unidos, CanadĆ” y Argentina.
Las esperanzas de muchos estÔn en un posible cambio de gobierno, en el 2019, pues pocos ven probable un viraje en estas cuestionadas políticas económicas de Maduro que tienen a Venezuela sumida en el desabastecimiento. En el desespero.
YESID LANCHEROS
Jefe de Redacción de ELTIEMPO.COM
Caracas.
Twitter: @YesidLancheros



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